Aunque en menor concentración que los dientes de ajo, las cáscaras también poseen compuestos antimicrobianos que ayudan a fortalecer el sistema inmunológico.
Si consumes cáscaras de ajo en preparaciones como caldos o infusiones, estarás añadiendo fibra natural a tu dieta, lo que mejora la digestión y favorece la salud intestinal.
Los antioxidantes presentes en la cáscara de ajo pueden contribuir a una piel más sana y a la prevención de la caída del cabello al estimular la circulación sanguínea.
Ahora que conocemos sus beneficios, pasemos a la cocina para darles un buen uso.
