Inicialmente, una persona con esta afección puede tener dificultades para seguir los pasos necesarios para el aseo personal: puede olvidar abrir el grifo, ajustar la temperatura del agua o incluso usar jabón. A veces, duda en entrar en la ducha porque ya no comprende la función de ciertos objetos, como el cabezal de la ducha o el champú. Estos momentos de confusión pueden interpretarse erróneamente como simple distracción o cansancio.
Este trastorno se origina en el hecho de que la enfermedad de Alzheimer deteriora la memoria procedimental, aquella que nos permite realizar automáticamente acciones aprendidas hace mucho tiempo. A medida que la enfermedad progresa, las acciones familiares se vuelven extrañas y la persona pierde gradualmente su independencia.
Por lo tanto, es fundamental prestar atención a estas señales sutiles. Cuando un ser querido comienza a mostrar confusión con las tareas cotidianas —cocinar, vestirse o ducharse— se recomienda consultar a un médico. Un diagnóstico precoz permite brindar un mejor apoyo a la persona, adaptar su entorno y ralentizar la progresión de los síntomas mediante los cuidados adecuados.
En resumen, un simple momento cotidiano, como ducharse, puede revelar mucho sobre la salud cognitiva de una persona. Prestar atención a estos pequeños cambios ya es un primer paso hacia la prevención y el autocuidado.