¿Por qué visitar las tumbas si el alma ya no está allí?

Es una pregunta profunda, honesta y muy humana.

Si creemos que el alma ya no habita en ese lugar… ¿por qué seguimos visitando tumbas?

¿Por qué llevamos flores, guardamos silencio, hablamos en voz baja o incluso lloramos ante una piedra?

La respuesta no es sencilla, porque no se trata del alma que se va, sino de los vivos que quedan.

 1. Porque el cuerpo era parte de una historia sagrada

Aunque el alma ya no está allí, el cuerpo que descansa en la tumba fue el hogar de una vida.

Fue el cuerpo el que:

amó
trabajó
abrazó
sufrió
oró

Visitar una tumba no se trata de venerar unos restos, sino de honrar una historia completa, una vida que dejó su huella.

Es reconocer que esta persona existió, importó y sigue siendo parte de nuestra memoria.

2. Porque el amor necesita un lugar donde descansar.

El amor no desaparece cuando alguien muere.

Pero el corazón humano necesita símbolos.

La tumba se convierte en un punto concreto donde:

La memoria se ordena,
el dolor se expresa,
el amor se canaliza.

No vamos a buscar el alma.

Vamos a encontrarnos con lo que sentimos.

Fallecido

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