Además, el alcohol genera una respuesta de inflamación generalizada. El sistema inmunológico interpreta la presencia de esta sustancia como un agente irritante y libera citocinas, moléculas que participan en la respuesta inflamatoria. Por eso, muchas personas sienten que tienen una especie de malestar gripal al día siguiente, con dolores musculares, fatiga intensa, dificultad para mantener la atención y esa sensación de “cuerpo pesado” que hace más difícil realizar actividades cotidianas.
El metabolismo del alcohol también contribuye a los síntomas. Cuando el hígado procesa esta sustancia, la convierte en acetaldehído, un compuesto que el organismo clasifica como tóxico. Aunque el cuerpo intenta neutralizarlo y eliminarlo con rapidez, mientras permanece en circulación puede generar náuseas, palpitaciones, malestar general y una sensación de intoxicación residual que explica por qué la recuperación no es inmediata.