No ignores tus orejas: podrían estar enviándote señales importantes sobre tu salud sin que lo notes

A menudo prestamos atención a nuestro corazón, nuestra piel o nuestro peso cuando pensamos en salud, pero hay una parte del cuerpo que suele pasar desapercibida: las orejas. Más allá de su función principal relacionada con la audición y el equilibrio, las orejas pueden ofrecer pistas interesantes sobre el estado general del organismo. Aprender a observarlas puede ayudarnos a detectar cambios que merecen atención.

Las orejas están formadas por una compleja red de nervios y vasos sanguíneos. Debido a esta conexión con diferentes sistemas del cuerpo, algunos cambios visibles o sensaciones inusuales pueden reflejar alteraciones internas. Por ejemplo, variaciones en el color, la temperatura o la sensibilidad de las orejas pueden estar relacionadas con la circulación sanguínea o con reacciones del sistema nervioso.

Uno de los aspectos más conocidos es la relación entre las orejas y la circulación. Las orejas muy frías o constantemente enrojecidas pueden indicar que la sangre no fluye de manera óptima. Aunque esto no siempre es motivo de preocupación, si ocurre con frecuencia puede ser una señal de que el cuerpo está reaccionando al estrés, al frío extremo o a cambios en la presión arterial.

 

Otro punto importante es la audición. Dificultades para escuchar, zumbidos o una sensación de presión en los oídos pueden afectar la calidad de vida y, en algunos casos, estar vinculados a otros factores como el cansancio, la exposición prolongada al ruido o incluso el estrés acumulado. Escuchar estas señales y no ignorarlas puede ayudar a prevenir problemas mayores a largo plazo.

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