Entre el dolor y la premeditación
La vida de Marianne Bachmeier ya estaba marcada por profundas heridas. Su padre había sido miembro de las Waffen-SS, ella misma había sufrido abusos y había dado a dos de sus hijos en adopción antes de criar sola a Anna, su tercera hija.
Años más tarde, en 1995, reconoció que sus acciones no habían sido puramente impulsivas. Admitió haberlas premeditado, afirmando que quería evitar que Grabowski volviera a mancillar la memoria de su hija en el juicio.
Un final trágico
Tras su liberación, Marianne intentó rehacer su vida lejos del foco mediático, pero la tragedia la atormentaba. En 1996, falleció de cáncer a los 46 años.
Su historia sigue siendo una de las más significativas de la historia alemana y plantea una pregunta universal: ¿hasta dónde puede llegar una madre afligida y dónde se encuentra la línea divisoria entre la justicia y la venganza?