Muchos teólogos señalan que, dado que la Biblia no prohíbe explícitamente la cremación, la decisión puede estar condicionada por creencias personales o costumbres culturales. La enseñanza cristiana se centra en la resurrección del cuerpo (1 Corintios 15:42-44), a la vez que afirma el poder ilimitado de Dios para resucitar a los muertos, independientemente de cómo el cuerpo haya regresado al polvo.
Otros enfatizan la veneración del cuerpo como templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19-20), sugiriendo que el entierro refleja mejor la reverencia por la forma física. Aun así, esta perspectiva generalmente promueve el entierro como una preferencia en lugar de etiquetar la cremación como una ofensa moral.
Consideraciones contemporáneas y culturales

En el mundo actual, las personas suelen optar por la cremación por razones prácticas, como la asequibilidad, el impacto ambiental o deseos personales. Por ello, muchas denominaciones cristianas han adoptado una postura más flexible. La Iglesia Católica, por ejemplo, permite la cremación siempre que no simbolice el rechazo a la creencia en la resurrección corporal.
Conclusión
En definitiva, la Biblia no condena claramente la cremación ni la define como pecado. La decisión entre el entierro y la cremación se basa mejor en la conciencia personal, la fe y un consejo espiritual profundo. Sobre todo, la fe cristiana no se basa en el método de entierro, sino en la confianza en la promesa divina de resurrección y vida eterna.