Uno de los signos iniciales más frecuentes es la dificultad para tragar, conocida médicamente como disfagia. Esta sensación suele manifestarse como si la comida quedara atascada en el trayecto hacia el estómago, especialmente al ingerir alimentos sólidos. Al comienzo puede aparecer de forma esporádica, pero con el paso del tiempo tiende a volverse más constante e incluso puede presentarse al beber líquidos. Muchas personas atribuyen este problema a comer rápido o a una mala digestión, retrasando la consulta médica.
Otra señal que suele pasar inadvertida es el dolor o ardor al tragar. Algunas personas describen una molestia en el pecho o en la garganta al comer o beber, similar a la acidez o al reflujo gastroesofágico. Debido a esta similitud, es común que se intente aliviar el síntoma únicamente con tratamientos para el estómago, sin evaluar el esófago. Cuando esta sensación persiste o se intensifica, merece una evaluación más profunda.
La pérdida de peso involuntaria también puede ser un indicador temprano relevante. Adelgazar sin proponérselo, sin cambios en la alimentación ni en la actividad física, puede estar asociado a diversas enfermedades, entre ellas problemas del esófago. En muchos casos, esta baja de peso se produce porque la persona come menos debido a la dificultad o al dolor al tragar, aunque no siempre es percibida de inmediato como una señal de alarma.
El dolor persistente en el pecho o en la espalda es otro síntoma que puede presentarse. Suele localizarse detrás del esternón, que es donde se encuentra el esófago, y en ocasiones se irradia hacia la espalda. No necesariamente se trata de un dolor intenso, pero sí puede ser constante o repetitivo, lo que lo diferencia de molestias pasajeras. Por su ubicación, a veces se confunde con problemas cardíacos o musculares.
También pueden aparecer cambios en la voz, como una ronquera persistente que no está relacionada con infecciones respiratorias ni con un esfuerzo vocal reciente. Este síntoma puede surgir cuando la enfermedad afecta estructuras cercanas a la garganta o nervios involucrados en la producción de la voz. Al no generar dolor, suele ser subestimado durante semanas o incluso meses.