Vamos a profundizar un poco más en cómo este sencillo alimento puede marcar una gran diferencia en nuestra salud.
1. El poder del ajo sobre la sangre y la circulación
Los coágulos cerebrales son una de las principales causas de accidentes cerebrovasculares, una condición que puede cambiar la vida de una persona en cuestión de segundos. El ajo actúa de forma natural como un anticoagulante, ayudando a que la sangre fluya de manera más ligera y evitando que se formen esos bloqueos peligrosos.
La alicina, ese compuesto que le da su característico olor y sabor, es también responsable de inhibir la agregación plaquetaria. Dicho de forma simple, evita que las plaquetas se peguen entre sí formando trombos. Esto, junto con su capacidad para reducir los niveles de colesterol malo (LDL) y mejorar la elasticidad de las arterias, convierte al ajo en una especie de “limpiador” natural del sistema circulatorio.