En el ámbito de los cuidados paliativos, los profesionales están entrenados para reconocer estas señales no como anuncios fatales, sino como indicadores de que el paciente necesita mayor confort, higiene adecuada y acompañamiento integral. Ajustar la ventilación del ambiente, cuidar la hidratación de la piel y mantener rutinas de limpieza ayuda tanto al bienestar del paciente como al de quienes lo rodean.
Hablar de este tema con información clara permite reducir el miedo y la confusión. El olor que algunas personas perciben antes de la muerte no es un misterio sobrenatural ni una señal exacta, sino el resultado de procesos biológicos complejos y de la forma en que los seres humanos interpretamos los cambios en momentos de gran carga emocional.
Comprenderlo desde una mirada informada no quita sensibilidad al momento, pero sí ayuda a transitarlo con más calma. En lugar de buscar significados ocultos, la clave está en acompañar, cuidar y respetar el proceso, entendiendo que cada experiencia es única y que el final de la vida merece ser abordado con conocimiento, humanidad y serenidad.