Diabetes: las señales tempranas que pueden pasar desapercibidas y por qué es vital reconocerlas
El cansancio persistente es otro indicio frecuente. Puede manifestarse como una sensación de fatiga que no mejora con el descanso, producto del desbalance en la energía disponible para el cuerpo. También es habitual que la visión se torne borrosa, un efecto que aparece cuando los cambios en los niveles de glucosa alteran la forma en que el ojo enfoca las imágenes. En algunos casos, la diabetes provoca pérdida de peso sin motivo aparente, porque el organismo comienza a utilizar grasas y músculos como combustible alternativo.
Otro aspecto relevante es el comportamiento de las heridas. Las personas con diabetes pueden notar que raspones, cortaduras o llagas tardan más en cerrar, lo que se debe a la dificultad del cuerpo para regenerar tejidos en presencia de niveles altos de glucosa. Además, algunos pacientes experimentan hormigueo o entumecimiento en manos y pies, resultado de alteraciones en los nervios periféricos. Finalmente, la aparición de manchas oscuras en zonas como el cuello, las axilas o los codos —un cambio conocido como acantosis nigricans— puede indicar resistencia a la insulina, uno de los principales factores asociados al desarrollo de diabetes tipo 2.
Un dato que muchas personas desconocen es que una gran cantidad de casos de diabetes se diagnostican cuando ya existen complicaciones, justamente porque los síntomas iniciales se confunden con situaciones cotidianas. Por eso es tan importante prestar atención a cualquier cambio que se perciba como inusual y buscar orientación médica. Una evaluación profesional puede ayudar a confirmar si estos signos están vinculados con un aumento en los niveles de glucosa y, de ser necesario, iniciar un tratamiento oportuno.
Este contenido tiene un propósito informativo y no reemplaza la consulta con un especialista. Si notas que alguno de estos síntomas se presenta de forma persistente o te preocupa la posibilidad de tener diabetes, acudir a un profesional de la salud es siempre la mejor decisión. Detectar el problema a tiempo puede marcar una diferencia significativa en la evolución de la enfermedad y en la calidad de vida.