El cuerpo es simplemente un instrumento para vivir en este plano, pero el alma continúa su viaje hacia otros niveles de existencia.
Es como quitarse ropa vieja: lo que importa no es la prenda que queda, sino la persona que la lleva.
Por eso, nuestros seres queridos no están atados al lugar donde descansan sus restos. Pueden estar con nosotros en casa, en la calle, en nuestros recuerdos y en nuestros pensamientos más íntimos.
¿Por qué sentimos su presencia en el cementerio?
Mucha gente dice que al visitar una tumba, siente algo especial. Una calma extraña, una profunda nostalgia o incluso una cercanía difícil de explicar. Esto sucede porque el amor y los recuerdos activan la conexión espiritual.
No es la tierra la que sostiene al amado.
Es el corazón lo que los mantiene vivos.
Cuando visitas un cementerio con amor, tu energía se abre y esa vibración te permite sentir la presencia del alma con mayor claridad. Pero esa misma conexión puede darse en cualquier otro lugar donde recuerdes a esa persona con ternura.