Una de las señales más características que motiva la consulta es la hemorragia uterina anormal. En mujeres posmenopáusicas, cualquier sangrado debe ser atendido de inmediato, ya que no corresponde a un proceso fisiológico. En mujeres en etapa reproductiva, los signos pueden manifestarse como sangrados irregulares, ciclos más abundantes de lo habitual o pérdidas que aparecen fuera del patrón conocido. Estos cambios no deben minimizarse, ya que el cuerpo suele enviar avisos antes de que el problema avance.
El diagnóstico requiere estudios precisos que permiten evaluar el estado del endometrio. Una herramienta común es la ecografía, utilizada para observar el grosor y características del tejido uterino. No obstante, la biopsia endometrial o el muestreo con técnicas específicas es el procedimiento que permite confirmar alteraciones mediante el análisis del tejido. Todos estos estudios deben realizarse bajo supervisión médica especializada y constituyen la base para determinar el manejo más adecuado en cada caso.
El tratamiento depende del estadio de la enfermedad, la edad de la paciente y su estado general de salud. La opción más habitual es la histerectomía, una cirugía en la que se retira el útero. En algunos casos, según la recomendación del equipo médico, también se extraen los ovarios y las trompas de Falopio. Cuando la situación lo requiere, pueden indicarse tratamientos complementarios como radioterapia, quimioterapia o terapias hormonales, cada una con objetivos específicos según el tipo de tumor y su evolución.
Comprender este tipo de cáncer, reconocer sus posibles señales y acudir al control médico oportuno son pasos fundamentales para garantizar una atención adecuada. Este contenido tiene un fin estrictamente informativo y educativo, por lo que no reemplaza la consulta con un profesional de la salud. Ante cualquier síntoma o duda, lo más recomendable es buscar orientación médica especializada.