Estilo de vida, hábitos y predisposición a los calambres
La vida diaria juega un papel fundamental en la aparición de calambres nocturnos. En primer lugar, el sedentarismo es un factor importante. Permanecer sentado durante largos periodos reduce la oxigenación muscular. Por el contrario, la actividad demasiado intensa sin una recuperación adecuada fatiga excesivamente las fibras musculares.
En segundo lugar, la hidratación influye directamente en el equilibrio muscular. La ingesta insuficiente de agua altera la transmisión nerviosa. Incluso una deshidratación leve puede ser suficiente para causar calambres nocturnos, especialmente en personas susceptibles.
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La dieta también influye. La falta de ciertos minerales debilita los músculos. A esto se suma el alcohol, que agrava la deshidratación y altera la actividad nerviosa. Por lo tanto, su consumo regular aumenta claramente el riesgo de calambres nocturnos.
Finalmente, algunos hábitos aparentemente inofensivos importan. Dormir en una posición inadecuada, descuidar los estiramientos o acumular fatiga sin un descanso adecuado crea un ambiente favorable. El cuerpo absorbe el estrés y finalmente reacciona. Y a menudo, elige la noche para hacerlo.