Los calambres nocturnos en las piernas son intrigantes, a veces preocupantes y, sobre todo, perturban el sueño. Tras esta violenta contracción suele subyacer un mensaje que el cuerpo intenta enviar.
¿Por qué los calambres nocturnos siempre ocurren en el peor momento posible? Todo parece tranquilo. El cuerpo se relaja. Llega el sueño. Y, sin embargo, es precisamente en ese momento cuando aparecen. Esta contradicción desconcierta a muchos especialistas. En realidad, la noche crea un contexto particular para los músculos y los nervios.
Durante el sueño, los músculos permanecen inmóviles durante períodos más largos. La circulación se ralentiza ligeramente. Además, ciertas posiciones favorecen una extensión excesiva del pie, especialmente cuando los dedos apuntan hacia abajo. Este simple detalle a veces es suficiente para provocar una contracción repentina del músculo de la pantorrilla.
Además, el sistema nervioso funciona de forma diferente durante la noche. Los mecanismos de regulación muscular se vuelven más sensibles. Por lo tanto, un nervio ya estimulado durante el día puede reaccionar de forma exagerada en reposo. Por eso, los calambres suelen afectar a personas activas, pero también a aquellas demasiado sedentarias.
Finalmente, con la edad, el fenómeno se vuelve más frecuente. Las fibras musculares pierden elasticidad. Las señales nerviosas se alteran con mayor facilidad. El resultado: un dolor agudo e impredecible que deja una sensación de tensión persistente al despertar.