Imagina tu hígado como una esponja: flexible, vibrante y filtrando todo lo que pasa a través de él. Ahora imagina que se transforma en una roca dura y cicatrizada. Este es el mecanismo de la cirrosis: obstruye el flujo sanguíneo, dificulta la desintoxicación y, sin tratamiento, conduce a la insuficiencia hepática. El problema es que esta transición suele pasar desapercibida, con síntomas que parecen no tener relación o que se ignoran fácilmente.
Fatiga y debilidad.