Estas son las consecuencias de tener intimidad con… Ver más

1. El papel del sistema urinario en las relaciones sexuales

El sistema urinario tiene la función de eliminar los desechos líquidos del cuerpo y mantener un equilibrio químico adecuado. Sin embargo, durante las relaciones sexuales, especialmente en las mujeres, la uretra (el conducto por donde sale la orina) puede estar expuesta al contacto con bacterias provenientes de la piel, los genitales o incluso del área anal.

En los hombres también ocurre algo similar, aunque con menor frecuencia debido a la longitud de la uretra masculina. Aun así, durante el acto sexual, microorganismos pueden ingresar al conducto y alojarse temporalmente en su interior. Cuando no se orina después, esas bacterias tienen la oportunidad perfecta para multiplicarse y provocar infecciones urinarias o inflamaciones.

2. La cistitis postcoital: una consecuencia común de no orinar después

Uno de los problemas más frecuentes, especialmente en las mujeres, es la llamada cistitis postcoital. Esta infección del tracto urinario ocurre cuando bacterias —por lo general Escherichia coli— logran llegar hasta la vejiga y causar inflamación. Los síntomas suelen aparecer horas después del encuentro sexual: ardor al orinar, sensación de tener que ir al baño constantemente, dolor en la parte baja del abdomen y, en algunos casos, fiebre.

Aunque no todas las mujeres la sufren, es una afección bastante común. Por eso, los especialistas recomiendan vaciar la vejiga después del sexo, ya que al hacerlo se “arrastra” cualquier bacteria que haya intentado ingresar por la uretra, reduciendo enormemente las probabilidades de infección.

3. Un hábito que limpia naturalmente las vías urinarias

Orinar después de tener relaciones funciona como una especie de limpieza interna. La orina actúa como un flujo natural que expulsa bacterias y microorganismos antes de que se adhieran a las paredes de la uretra o lleguen a la vejiga. En otras palabras, es como enjuagar el sistema por dentro.

Y no solo se trata de eliminar bacterias: también ayuda a aliviar la presión que queda en la vejiga después del acto sexual y a mantener un equilibrio saludable en el pH de la zona íntima, algo fundamental para evitar irritaciones y molestias posteriores.

4. La importancia de la higiene antes y después del sexo

Si bien orinar después es esencial, no es lo único que cuenta. La higiene antes del encuentro también juega un papel clave. Lavar los genitales con agua y jabón suave antes y después del sexo ayuda a reducir la presencia de microorganismos y a mantener la flora vaginal o el equilibrio bacteriano natural en buen estado.

En el caso de las mujeres, es recomendable evitar duchas vaginales o jabones con fragancias fuertes, ya que alteran el equilibrio natural y pueden causar irritación. En los hombres, una limpieza adecuada del glande y el área del prepucio (cuando no está circuncidado) también es fundamental.

5. Qué pasa si no se orina después del sexo

Ignorar este paso puede parecer inofensivo al principio, pero con el tiempo puede derivar en problemas recurrentes. Cuando las bacterias logran asentarse en la uretra o la vejiga, comienzan a multiplicarse. El resultado: infecciones frecuentes, malestar al orinar y en casos más graves, infecciones renales.

Algunos hombres y mujeres reportan también sensación de ardor o picazón, lo cual suele ser un primer signo de que hay una irritación o infección en curso. Por eso, es mejor prevenir con un gesto tan sencillo como ir al baño después del acto.

6. La diferencia entre hombres y mujeres en este tema

Las mujeres tienen una uretra más corta (alrededor de 4 cm), lo que facilita el ingreso de bacterias al sistema urinario. En los hombres, la uretra es más larga (aproximadamente 20 cm), por lo que las infecciones urinarias son menos frecuentes, aunque no imposibles.

Esto explica por qué las recomendaciones sobre orinar después del sexo son especialmente dirigidas a las mujeres, aunque los hombres también se benefician de hacerlo, especialmente si han tenido relaciones sin protección o prolongadas, donde la acumulación de bacterias puede ser mayor.

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