Esa es la razón por la cual la persona se despierta con una sensación tan intensa: palpitaciones, sobresalto, inquietud y la nítida percepción de que algo no está en orden. El cuerpo, lejos de exagerar, está defendiendo su propio equilibrio. Se trata de una reacción inmediata para volver a respirar, una forma de protección que no debe interpretarse como algo menor.
Las causas de este fenómeno pueden ser variadas. En ocasiones tiene que ver con la posición al dormir, especialmente cuando el cuerpo adopta posturas que dificultan el paso del aire. En otros casos aparece por tensión muscular profunda, que afecta los movimientos naturales de la respiración. También puede estar relacionado con ronquidos intensos, cansancio acumulado, hábitos como cenar demasiado tarde o una exigencia constante sobre el sistema respiratorio a lo largo del día.
A pesar de ello, muchas personas suelen acostumbrarse a estos episodios. Dicen que “siempre les pasa”, que “no es para tanto” o que “al rato se les quita”. Normalizar estos episodios puede llevar a ignorar una señal importante, porque el organismo no envía advertencias al azar. Cuando la respiración se interrumpe durante el sueño, el cuerpo está diciendo, de forma contundente, que algo necesita atención.