Hablar del flujo vaginal todavía genera incomodidad en muchas conversaciones, y es una pena, porque se trata de algo completamente normal y necesario para la salud íntima de la mujer. Desde la adolescencia hasta la menopausia, el flujo acompaña al cuerpo femenino como una especie de mensajero silencioso que avisa cómo está funcionando todo por dentro. Entenderlo no solo ayuda a quitar miedos innecesarios, sino también a detectar a tiempo cuando algo no anda bien.
Muchas mujeres se preocupan al notar cambios en su flujo: que si hoy es más abundante, que si tiene otro color, que si huele diferente. Y aunque en algunos casos esos cambios son normales, en otros pueden ser una señal de alerta. Por eso, conocer qué es el flujo vaginal, para qué sirve y cómo identificar cuándo es normal y cuándo no, es una herramienta clave para el autocuidado.
Para empezar por lo básico, el flujo vaginal es una secreción producida por las glándulas del cuello del útero y la vagina. Su función principal es mantener la zona íntima limpia, lubricada y protegida frente a infecciones. Dicho de forma sencilla, el flujo ayuda a eliminar células muertas y bacterias, creando un ambiente saludable que impide la proliferación de microorganismos dañinos.
El aspecto del flujo vaginal no es siempre el mismo, y eso es completamente normal. Cambia a lo largo del ciclo menstrual, dependiendo de las hormonas, del momento del mes y hasta del nivel de estrés. Por ejemplo, en los días cercanos a la ovulación, suele volverse más transparente, elástico y abundante, parecido a la clara de huevo. Esto no es casualidad: el cuerpo se prepara para facilitar la fertilidad.