Otro punto que está tomando fuerza es el llamado «curso de actualización para conductores mayores». En algunos países, las personas mayores de 70 deben asistir a charlas o cursos breves donde se les recuerda las normas de tránsito actuales, se actualizan en nuevas señalizaciones y se les brinda consejos para mejorar la seguridad al volante. Puede parecer innecesario para alguien con décadas de experiencia manejando, pero la realidad es que las normas cambian, los vehículos incorporan tecnologías nuevas y las calles tienen dinámicas distintas a las de hace 30 o 40 años.
También se han planteado limitaciones en los permisos. En ciertos casos, se otorgan licencias con restricciones, como la prohibición de conducir de noche, no manejar en autopistas o limitar el radio de desplazamiento a cierta cantidad de kilómetros desde la residencia. Estas medidas buscan reducir el riesgo en situaciones más complejas, como la conducción nocturna donde la visibilidad es menor o los trayectos largos que pueden resultar agotadores.
La opinión pública sobre estas restricciones está dividida. Hay quienes consideran que se trata de medidas discriminatorias que no respetan la autonomía de las personas mayores, y hay quienes creen que son necesarias para proteger vidas. Lo cierto es que no todos los adultos mayores son iguales. Hay personas de 75 o 80 años con una vitalidad, reflejos y agudeza mental envidiables, mientras que otros a los 65 ya presentan limitaciones significativas. Por eso, más que una cuestión de edad cronológica, debería ser una evaluación personalizada que determine la aptitud real de cada conductor.
Un tema que también se discute es el acompañamiento familiar. Muchas veces son los propios hijos o nietos quienes se dan cuenta de que su ser querido ya no maneja como antes. Sin embargo, no siempre es fácil tener esa conversación. Quitarle las llaves a un padre o a una madre puede sentirse como arrebatarles parte de su vida. Aquí es donde los chequeos médicos obligatorios juegan un rol importante, ya que permiten que sea un profesional de la salud quien determine si es seguro o no seguir conduciendo.
Es importante aclarar que estas medidas no buscan apartar a los adultos mayores de la sociedad ni quitarles su independencia. Todo lo contrario: pretenden darles más seguridad y confianza. Un conductor que sabe que su vista, oído y reflejos están en buen estado, conduce con mayor tranquilidad. En cambio, alguien que se sube al carro con dudas sobre si podrá reaccionar a tiempo, vive con un estrés innecesario que podría evitarse.
Otro aspecto interesante es el avance de la tecnología. Los vehículos modernos incorporan sistemas de asistencia a la conducción que resultan muy útiles para los mayores: alertas de cambio de carril, sensores de proximidad, freno automático de emergencia, cámaras de reversa y hasta sistemas que detectan fatiga. Estas herramientas pueden ser un gran apoyo para que los conductores de más edad sigan manejando con confianza y seguridad. Claro, siempre y cuando se tomen el tiempo de aprender a usarlas correctamente.
No hay que olvidar que la movilidad es clave en la calidad de vida. Para muchos adultos mayores, dejar de conducir significa depender de otros para ir al médico, visitar amigos o hacer compras. Por eso, cualquier cambio en las normativas debe ir acompañado de alternativas reales de transporte: autobuses accesibles, taxis adaptados, programas de movilidad para mayores, entre otros. Si se les pide que conduzcan menos, también se les debe ofrecer otras opciones para mantener su independencia.
En conclusión, los cambios que vienen para quienes superan los 70 años y conducen no son castigos ni limitaciones injustas, sino un intento de encontrar un equilibrio entre libertad y seguridad. La clave está en la personalización: evaluar a cada persona según su estado de salud y sus capacidades, no solo por un número en el documento de identidad. La edad es solo un indicador, pero lo que realmente importa es cómo se siente y cómo responde el cuerpo al momento de tomar el volante.
Seguir manejando después de los 70 es posible, pero requiere más cuidados, más revisiones y, sobre todo, una mentalidad abierta para aceptar que quizá sea necesario ajustar ciertos hábitos. La carretera siempre estará ahí, pero recorrerla con seguridad es lo más importante.