Después de los 50, el cuerpo empieza a hablar en otro idioma: un cansancio que se instala profundo, sueños que se rompen a la menor cosa, una irritación que surge de la nada y esa sensación de pesadez que no te deja moverte como antes. Muchas mujeres abren la alacena buscando algo sencillo, algo que huela a casa, a abuelita, algo que calme sin complicaciones. Y ahí aparece esta mezcla que circula de boca en boca: unas gotitas de aceite de ricino con miel antes de dormir.
Pero espera… porque lo que casi nadie cuenta es que el verdadero cambio no está solo en los ingredientes, sino en lo que pasa cuando los conviertes en un ritual cuidadoso. Quédate, porque al final vas a descubrir el detalle que marca toda la diferencia entre sentirte mejor o arrepentirte.