El cáncer de hueso es una enfermedad que puede afectar a personas de cualquier edad siendo más común en niños y en adultos jóvenes, este se origina en las células del tejido óseo.
El cáncer de hueso primario se desarrolla directamente en el hueso. Existen distintos tipos, como el osteosarcoma, el condrosarcoma y el sarcoma de Ewing. Es de suma importancia diferenciarlo del cáncer metastásico en los huesos, que ocurre cuando ya existe un cáncer en otro órgano y este se disemina al tejido óseo.
Los síntomas pueden variar según la localización y el tipo de tumor que se desarrolle en el hueso, pero algunas señales frecuentes incluyen:
– Dolor persistente en un hueso, que no mejora con el descanso
– Molestias que empeoran durante la noche o con el paso de las semanas
– Inflamación o bulto en la zona afectada
– Sensibilidad o rigidez en una articulación cercana
– Debilidad del hueso, que puede facilitar fracturas
Es importante recalcar que estos síntomas no siempre indican cáncer, pero si persisten, deben ser evaluados por un profesional de la salud.
La señal más importante a tomar en cuenta es el dolor, este suele ser progresivo. Al inicio puede parecer una molestia leve o confundirse con una lesión, esfuerzo físico o crecimiento óseo. Con el tiempo, puede volverse más intenso o constante, lo que suele motivar la consulta médica.
Para diagnosticar el cáncer de hueso, el médico puede solicitar estudios de imagen como radiografías, resonancia magnética o tomografía, además de análisis específicos.