Imagínate esto: una señora mayor que apenas podía dar tres pasos sin jadear, que se la pasaba hinchada, con dolores de estómago y sin energía ni para barrer la casa… y de repente, ¡zas!, empieza a trotar por el parque como si tuviera quince años otra vez. ¿Te suena a cuento de hadas? Pues te juro que no lo es. Esa señora puede ser tu mamá, tu tía, tu abuelita… o hasta tú misma en unos años si no cuidas tu hígado ya.
El secreto está en un juguito naranja que parece sacado de la cocina de la abuela, pero que barre con todo lo malo que traes acumulado por dentro. Y hoy te lo voy a contar todo, paso a pasito, para que lo prepares mañana mismo y sientas la diferencia desde la primera semana.
¿Qué hace este jugo que nadie te había contado?
Limpia el hígado como si le pasaras una escoba nueva por dentro, saca toda la bilis atorada, las toxinas y la grasita que se queda pegada ahí por años de comer fritangas, tomar refrescos y estresarte con los hijos y los nietos.
Desinflama los intestinos de una vez, se lleva el estreñimiento que te tenía sufriendo cada vez que ibas al baño, y de paso te quita esa panza hinchada que ni los fajas mágicos podían esconder.
Te devuelve la energía que creías perdida para siempre, porque cuando el hígado está limpio, la sangre circula como Dios manda y hasta te dan ganas de bailar cumbia en la cocina.
Baja la inflamación del cuerpo entero, adiós dolores de rodillas, de espalda y esa sensación de tener 20 kilos de más aunque la báscula diga otra cosa.
Regenera poco a poco las células del hígado, aunque te hayan dicho que ya estaba muy dañado, este jugo ayuda a que se renueve solo.
¿Cómo se prepara el jugo que cambió mi vida y la de miles de mujeres en México?
Vas a necesitar ingredientes que encuentras en cualquier mercado o tianguis, nada exótico ni caro.