Imagina que te levantas por la mañana y lo primero que sientes es esa rigidez en la espalda baja que no te deja ni agacharte a amarrarte los tenis. O ese dolorcito en las rodillas después de caminar un rato con los nietos que parece que nunca se va a ir. Miles de personas en México vivimos con esa molestia diaria que nos roba energía y nos hace sentir más grandes de lo que somos… y lo peor es que muchas veces pensamos que ya no hay nada qué hacer.