15 miembros del KKK se rieron cuando Bumpy entró SOLO. 8 minutos después ya no se reían... - bichnhu

“Ve”, ordenó, “y dile al clan que Harlem es un reino y que los reyes no piden permiso para defender su tierra”.

Tres hombres ayudaron al Gran Dragón a salir, arrastrando a aquellos que aún podían moverse, mientras el resto quedó tendido en el suelo.

El aire exterior golpeó sus rostros como una bofetada, y el frío no pudo borrar el calor del miedo que ardía en su interior.

Dentro del almacén, Bumpy respiró profundamente, observando los cuerpos, los mapas rotos, la cruz abandonada, el plano destruido.

No sonrió. No celebró. Simplemente se acercó a la cruz de madera y la empujó al suelo con fuerza silenciosa.

La madera crujió al caer, y ese sonido fue como un juramento a Harlem, una promesa de que el terror no vendría sin un precio.

Bumpy salió solo del almacén, ajustándose el abrigo, y el río Harlem continuó respirando como si nada hubiera pasado.

Pero en la ciudad algo había cambiado, porque esa noche el clan aprendió que el miedo también tiene dueño.

Y aquel dueño regresó a casa, sin correr, sin mirar atrás, sabiendo que el mensaje ya había sido enviado.